3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 25. La señora de la casa
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 25. La señora de la casa
Athena se quedó dormida sin darse cuenta. El cansancio le ganó la batalla en algún punto de la madrugada, cuando por fin el silencio se asentó en la habitación y los cuerpos pequeños de sus hijos dejaron de moverse con inquietud. Durmió profundo, pesado, increíblemente: como no lo hacía desde hacía meses.
El llanto de la nena fue lo que la despertó al amanecer. Abrió los ojos de golpe, con el corazón acelerado, y tardó un segundo en ubicarse. La habitación no era la casita de Dinamarca. El techo era alto, las cortinas pesadas, la luz suave entraba filtrada por telas claras. Sus brazos reaccionaron antes que su cabeza y abrazaron a los bebés de inmediato.
Cassian no estaba.
Lo notó enseguida, pero también notó algo más: del otro lado de la cama había un mueble acomodado con precisión, formando una barrera improvisada para evitar que los niños se cayeran. No era elegante ni discreto, pero era práctico. Athena pasó la mano por la sup