La vida continuó después de aquella reunión. Las Veinte Monedas siguió creciendo lejos de la casa, y durante algunas semanas Mariana disfrutó de algo que no había tenido en mucho tiempo: días comunes. Julián trabajaba en los cultivos, Ernesto continuaba en el taller, Carolina viajaba entre las escuelas y Marcos comenzaba a asumir pequeñas responsabilidades sin intentar resolver cada problema que aparecía. Leonor, en cambio, había desarrollado una curiosidad peligrosa por todo lo que los adultos