—Señora —dijo una masculina voz tras ella—, aparte de ser la mano derecha líder de la manada L’enfer o su beta, también soy el protector de las damas en peligro como usted, así que sígame, le diré dónde se quedará hasta que su compañero venga por usted y la reclame —añadió en tono jocoso una vez que ella se dio la vuelta—, soy Danger por cierto.
Él le guiñó un ojo con coquetería pero Callista no sentía ganas de bromear en ese momento.
—Yo soy Callista.
—Oh, yo sé perfectamente quién eres cariño