—Carlos, ayúdame. Me siento muy mal. Me ha vuelto a atacar el asma. ¡Cof...!
Laura siguió tosiendo y sus lágrimas mojaron el cuello. Pero ya no podía despertar el amor de Carlos.
Carlos llamó a la ambulancia y la miró con impaciencia.
—He llamado a una ambulancia. Espera aquí. Creo que los médicos son más profesionales que yo.
Laura lloró más fuerte.
—Carlos, ¿por qué me ignoras? ¿Es por Natalia? ¿Qué diablos te ha dicho?
Levantó la cabeza y me miró con resentimiento mientras lloraba.
Me encogí