La luz de tu amor

La luz de tu amorES

Ryztal Fernandez  En proceso
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Resumen
Índice

Un saludo cambia la vida de Arcángel, venezolano, y Alejandra, mexicana. El amor toca a sus puertas, pero la distancia es el mayor obstáculo. Pese a los miles de kilómetros de separación, logran mantener a flote una relación abierta. Sin embargo, un acontecimiento atroz, rodeado de misterio y eventos paranormales, cambiará la vida de ambos. El destino es un escritor impredecible.

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17 chapters
Nuestro miedo
Sentados en la arena, admirábamos el ocaso. El sonido del mar calmaba mi alma, pero Alejandra con su voz, su dulce y tierna voz, desvanecía todos los males que me afligían. Me vio y en el pozo sin fondo de sus ojos percibí un leve destello de esperanza.—Tenemos miedo, ¿sabes? —Agarró mi mano—. No quiero perderte, tú tampoco a mí. Sin embargo, la distancia es un cruel enemigo y el amor es un despiadado ilusionista.Graznó una gaviota que surcaba el cielo despejado. Entrelacé mis dedos con los suyos, con el otro brazo ejercí fuerza en su vientre. No quería que se marchara. Ella regresaría a su hogar, a su tierra, a su nación. En consecuencia, miles de kilómetros nos volverían a separar y tendría que conformarme con el calor de una almohada y el cloroformo de la imaginación.Escuchamos la canción del océano u
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La promesa
Cociné unos panqueques. No soy perito en el arte culinario, pero me quedan muy buenos. Eran dos torres, cada uno de cinco redondos y esponjosos panqueques en cada plato. Busqué las fresas en la nevera y las piqué en rodajas. Luego las coloqué en la cima de cada torre, de modo que formara una media luna. Después hurgué en la despensa en pos de la crema de avellana. Con una cuchara pequeña, unté la crema alrededor de los bordes de los panqueques. En la mesa había puesto dos vasos de vidrio, la jarra con jugo de naranja y dos bananos. Acomodé las sillas, encendí el reproductor de música y en el panel seleccioné Story of my life, de One Direction. Estiré los brazos, miré el reloj y comprobé que eran las seis y treinta de la mañana. El sol aún no había salido, pero los pájaros ya estaban cantando. El cielo se tornaba violáceo y las estrellas d
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Adiós
El viaje fue angustiante. Mientras el avión se acercaba a Caracas, Alejandra dormía en mi hombro. A pesar del cansancio y el trasnocho, no podía conciliar el sueño. ¡Era imposible dormir! En cuanto cerré los ojos, una pesadilla me asaltó: ella movía su mano en señal de despedida antes de abordar el Boeing-747. Al abrir los ojos, conté los kilómetros que faltaban para aterrizar. ¡Por dios, es una ridiculez! Nadie, sin conocimientos previos de navegación, puede predecir cuántos kilómetros faltan para llegar a un destino. «Decirle adiós al amor de tu vida, verla partir y regresar a casa lleno de incógnitas, es una pesadilla sin final. Las preguntas germinan el raciocinio, enferman la lógica y crean quimeras. Crees que hay respuestas, pero no, no las hay para un amor que reposa en un bergantín sin viento en medio del mar», reflexioné.
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La casa no es igual
Abrí la puerta y olí el aroma de su perfume. Las flores en el jarrón parecían tristes. Encendí la luz pero el ambiente permanecía tenue. Suspiré y descorrí las cortinas para admirar la luna que estaba detrás de nubes delgadas. Me acerqué a la nevera, tomé un vaso y con una jarra, que contenía limonada artificial, vertí el líquido similar al color de la niebla espesa que cubre un bosque en una montaña. Decaído por las balas de la soledad, me dejé caer en el sofá. Después de beber, recosté la nuca en el borde de la cabecera. El reloj de pared emitía su sonsonete monótono, cada tictac resonaba en mi cabeza. Sin embargo, su voz sonó en un rincón y me transportó a los recuerdos.En la mañana estaba en mis brazos, pero en la noche me hacía falta su presencia. Me daba miedo entrar en la habitaci&o
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María Saavedra
Eran las doce del mediodía cuando desperté. Dormí como un tronco y no tuve pesadillas, algo inusual en mí. Encendí el televisor de la sala y dejé que las noticias de la tarde empaparan mi conocimiento del mundo mientras preparaba el desayuno y el almuerzo. Removí la silla donde se había sentado Alejandra y me dediqué a mirar su espacio. Encogí los hombros, busqué la comida y me dispuse a comer. Luego revisé las notificaciones del teléfono y me impresioné de la cantidad de llamadas perdidas que tenía de María. Como si adivinara sobre mi despertar, María llamó, atendí de inmediato.—¡Buenas tardes, María! —expresé con poco entusiasmo, refregándome los ojos.—¡Llevo más de cuatro horas afuera! —No estaba furiosa, mas parecía incómoda.—Disculpa, me des
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La mujer lechuza
El ulular de una lechuza, majestuosa ave nocturna, se oía en el patio. Incorporándome, vi las paredes mohosas que trazaban un arco y amurallaban el lugar. En medio del terreno con el monte alto, había una piscina circular, similar a un jacuzzi, con agua estancada. Busqué la lechuza, pero solo hallé árboles secos que se extendían hacia el etéreo oscuro. No habían estrellas ni nubes. Aunque las farolas eléctricas iluminaban la calle con su luz mortecina, parecía que la oscuridad opacara la intensidad lumínica de los bombillos. Frente a mí, un sendero adoquinado guiaba hacia unas puertas correderas de vidrio que conectaban con el interior de una casa sin electricidad. El ambiente era inquietante y la lechuza no paraba de ulular.—¿Dónde estoy?Caminé hacia la puerta corredera. Mis pasos no producían ruido. Al parecer, la casa estaba deshabitada y lo
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Bruja
—Yo también tuve un sueño extraño —comentó Alejandra.A las tres de la madrugada, pregunté a Alejandra si podía llamarla. Después de hablar sobre nuestro día, le hablé sobre la pesadilla y la oración.—¿Qué soñaste? —pregunté, intrigado.—Soñé que estaba en una casa que no conocía. Era blanca en su totalidad, tenia un lindo jardín y se parecía a un hogar donde vivíamos mamá, papá, Victoria y yo, pero esta estaba mucho más arreglada. Además, era amplia, muy amplia.—¿No era una casa vieja con puertas correderas de vidrio?—No, no era. Prosigo con la narración.Destapé una lata de cerveza. Estaba sentado en la silla frente al escritorio. Veía el rostro de Alejandra en la pantalla. Su gata Zafiro se montó
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Diario de María (1)
¿Debería invitarlo a mi cumpleaños? Es la pregunta de entrada de este diario. Mi psicóloga me recomendó escribir mis días tormentosos. Sinceramente, hoy, como todos los demás, no ha sido un buen día.Papá es homosexual. Me enteré en la mañana cuando me senté a comer y mamá no dejaba de soltar injurias contra él. La cantidad de palabras que expulsó de su boca, hirió a papá de sobremanera. Solo dos veces ese hombre ha llorado desde que tengo memoria: en mi graduación de sexto grado y cuando mamá se enteró de su homosexualidad. Dado a los problemas en casa, abandoné el desayuno. Tenía náuseas. Me fui a pie a la secundaria, no quería ir en bus, pues una caminata me aliviaría, pero ¿cómo estar calmada cuando tu novio se está acostando con otra?Aún recuerdo cuando llegu&eacu
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invitación de cumpleaños
Fui al centro comercial Sambil. Visité el estanque de peces Koi. Los peces alzaban su cabeza y movían sus bocas arriba y abajo. Además, en tropel se amontonaban en el borde. Como no tenía comida en mano, los peces, uno a uno, prosiguieron su pacífico nado. El sonido de la cascada artificial casaba con la música ambiental.Cerca del estanque hay un restaurante de sushi. Me senté en una de las sillas de plástico y revisé el menú. Un afable señor, que parecía un mayordomo, se acercó y me atendió.—Buenas tardes, caballero. Es un placer tenerlo de vuelta —expresó.—Buenas tardes —respondí.—¿La señorita no viene con usted?—No, hoy no.«Ni mañana, ni dentro de dos meses, ni el año próximo vendrá», pensé, compungido. Pedí una Coca-Col
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El mensaje de la bruja
El fragor de las olas casaba con la umbría atmósfera. Una ventana sin cristal que da al acantilado era la fuente de iluminación de la habitación donde desperté. Las paredes estaban cubiertas de laja por la mitad y el techo era de madera. Las ramas se batían por el viento frenético. Cuando me asomé, los brazos alargados de los árboles eran oscuros y estaban cubiertos por la niebla densa. Miré hacia el mar y las rocas eran golpeadas, con furia, por las olas. La espuma blanca se esparcía alrededor. Temía que estuviera atrapado en una tempestad. Vi una mesa de noche con una lámpara encima e intenté encenderla, no había electricidad. Como una cámara con filtro frío, observaba el ambiente con un tono azulado.—¿Esto es una pesadilla? —pregunté al aire.Me acerqué a la puerta de caoba. Al abrirla, una sala se extendió e
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