El tren encantado

El tren encantadoES

Un Grimorio  Completo
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El tren encantado es una compilación de relatos fantásticos, desde alienígenas hasta fantasmas que no se dan cuenta que son fantasmas hasta que la realidad los alcanza.

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7 chapters
Stately
 El agua caía de la regadera y surcaba sus cabellos, Casimiro levantó el rostro y cerró los ojos, sintió unas fuertes ganas de masturbarse, escuchó el rumor del tráfico, levantó una comisura del labio y rumió la idea que venía pensando hace unas semanas, empezó a jugar con su mente al adivina esto. No sabía a quién le hablaba pero suponía que si algo omnipresente existía y lo controlaba todo entonces debía adivinar en qué mano ocultaba el jabón. Dejó de jugar, y apresurado volvió a abrir la llave de la regadera, acabó de bañarse y tomó la toalla, se vio en el espejo sus largos músculos, soltó un golpe con el brazo izquierdo, y otro, con la afeitadora se quitó algunos pelos de la cara, vio la hora y sorprendido por lo tarde que era corrió al armario y agarró la ropa que había de
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Los rumores eran ciertos
Diario La PrensaEditorial Posible invasión alienígena en NicaraguaLa preocupación de los habitantes de Managua es cada vez mayor debido a las maniobras militares cercanas al Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino. El Ejército Nacional prometió brindar una conferencia de prensa, sin embargo, han pasado dos semanas y todavía se guarda silencio de la supuesta prueba de armamento. No obstante, varios pobladores confirmaron haber visto en el cielo un gran objeto en llamas que cayó en picada en los predios baldíos. Tomás Quintera, conductor que transitaba de sur a norte en la carretera panamericana, se detuvo para adentrarse a la zona de impacto, pero los soldados del ejército llegaron en camiones y helicóptero para acordonar el lugar. Un poblador asustado por la explosión también se acercó, de igual manera los soldados le prohibiero
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Los apostadores
La verdad es que me urgía la plata tanto que me convertiría en traficante de cocaína si pronto no lo conseguía. Una vez, Joaquín empujó la puerta, vestía su eterna y hedionda camisa de Carga Cerrada, jeans con hoyos y zapatillas converse clásicas; prendió la luz, y, levantó sus manos mostrando los billetes como un abanico chino. Mis comisuras desgajadas se convirtieron en una ristra de dientes: algunos manchados y otros perlados.            Me incorporé hacia él levantándome con largos pasos. Descalzo pude sentir la energía de todo el universo o tal vez solo era dopamina liberándose al ver aquellos crujientes billetes. Apagué la luz porque me mareaba: horas atrás yacía en la penumbra pensando en mi muerte.            Unos destellos ama
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La máquin de Robert Griffin
1De los peores lugares para dormir existe uno en particular ubicado en las celdas de Auxilio Judicial, centro policial de investigación y detención en Managua, lugar donde se encontraba Peralta desde hacía doce horas.  El bochorno tropical, y la pestilencia del excusado en una esquina lo tenían mareado, y a punto de vomitar. Lo último que recordaba fue el golpe que le dio un policía por hacer un alboroto en la discoteca El caramanchel. Peralta era de los borrachos bochincheros, es decir, tomaba en exceso para luego buscar pleitos con cualquiera. Era un hombre que tenía apariencia de galgo corredor, y sí que corría cuando tocaba hacerlo. Pero esta vez no pudo escapar, y tuvieron que encerrarlo para que se le calmara el guaro. A las tres de la tarde, uno de los guardias oficiales se acercó a la celda donde se encontraba Peralta.        &nb
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Esgrima
Durante años escribió artículos ateos y anarquistas para el diario local. También publicaban sus relatos fantásticos, el más famoso de corte simbolista se titulaba “La odisea de los rosales”. Ya estaba algo viejo, las expectativas eran mínimas, lo mejor del día era levantarse a ver el amanecer, tomar un café y comer un trozo de pan lleno de jalea. Fue en primavera. Comenzó con fuertes dolores en el pecho, pero no eran espasmos, eran dolores de tristeza, una terrible nostalgia por su juventud, por sus años como colaborador en el diario, y todas las horas que había escrito con fervor. En la mecedora se sentaba para ver pasar el día aguantando los dolores en el pecho y la presión en la garganta que daba la sensación como si lo estuvieran estrangulando. Los dolores empeoraban al atardecer, se sentía casi a punto de desmayarse, de vez en cuando vomitaba en el retret
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El tren encantado: una leyenda de guerrillas
En un país de Latinoamérica donde Rogelio Morales era ciudadano se corría la voz que ser joven era un delito, por lo tanto, todos los muchachos tenían prohibido reunirse en privado, tampoco se les permitía caminar en la calle a media tarde, mucho menos salir al parque por la noche. Al escuchar el rugido de los Jeeps camuflados de la guardia los muchachos corrían y se ocultaban en las casas de los vecinos, incluso trepaban los techos y, ahí permanecían ocultos hasta que la guardia se marchaba. A diario se veían jóvenes contra la pared o boca abajo en el pavimento siendo requisados. El dictador temía de los rumores que se escuchaban en la montaña. Rumores que eran ciertos, muchachos decididos por derrocar el gobierno huían de la ciudad para aglomerar un ejército de rebeldes armados.               
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Epifanía
El sueño se cumplió, eran como las cuatro de la tarde, mi padre fue arrollado por un auto y murió de manera instantánea. Semanas atrás me atormentaban las pesadillas, era lo mismo, mi padre cruzaba la avenida universitaria después de dar clases y un auto que conducía a toda velocidad lo arrollaba. Reiteradas veces le conté a Patricia, mi hermana mayor, sobre el sueño. Ella dijo que eran patrañas, que nada de eso sucedería, pero siempre que soñaba con algo sucedía en la realidad. La primera vez fue así, soñé que mi hermana abortaba, y abortó a las semanas siguientes. Yo no le dije nada por temor a que me regañara mi madre, pero luego le dije y me reclamó diciéndome por qué no le había comentado nada del sueño. Ahí empezó todo, ella me explico que era de familia tener epifanías. Se remontaba a mi bisabuela materna, doña Mathilde Salazar. Mi bisabuela ofrecía sus servicios de clarividencia en Masaya. Todo mundo la conocía como “la hechicera”. Dice mi madre que ella pactó con el diablo
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