CRONONAUTAS: UNA AVENTURA EN EL TIEMPO

CRONONAUTAS: UNA AVENTURA EN EL TIEMPOES

Demian Faust  concluído
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Índice

La vida de Tony Edwards cambiará radicalmente cuando conoce a la chica gótica de su clase universitaria, la japonesa Saki Takamura. Lo que parecía un pequeño desliz romántico cambiará notoriamente cuando el estricto profesor Krass los involucre a ambos en un misterio proyecto secreto de viaje en el tiempo.

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CAPÍTULO I EL OCÉANO DE LA ETERNIDAD (I)
La Ciudad Negra, año 6666 D.C. Una ciudad construida por oscuras piezas metálicas, tubos y latones, rodeada por una muralla metálica infranqueable, se enclavaba en el medio de un yermo desierto extenso hasta donde la vista podía llegar. En aquel paisaje de absoluta desolación, al ocultarse el sol, emergieron de sus escondites subterráneos siniestras criaturas de aspecto velludo y ojos rojos fulgurantes  Estos seres carnívoros de afilados colmillos y amenazadoras zarpas se acercaron hasta los enormes portones de la Ciudad Negra y comenzaron a golpearla insistentemente. Las deterioradas estructuras cederían pronto…  —Debo informarle, Srta. Takamura, que los morlocks penetrarán en la Ciudad Negra en cualquier momento —anunció una voz mecánica.  —Gracias Prometeo, lo sé —adujo. Se trataba de una mujer madura de unos cuarenta años y de origen japonés. Le faltaba el ojo derecho por lo que cubría la r
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CAPÍTULO I EL OCÉANO DE LA ETERNIDAD (II)
Si ha Tony le afectó aquella noche que compartieron juntos, a Saki le pareció que fue positivamente. En los días que trabajó en el llamado Proyecto Welles descubrió que Tony tenía novia (y muy bonita por cierto) una joven alemana llamada Heidy que trabajaba en el proyecto como secretaria de Krass, y que se había vuelto mucho más seguro de sí mismo.  Aunque es posible que parte de esto se debiera a sus frecuentes roces con el director del proyecto designado por el gobierno, el Dr. Krass, ya que Tony tuvo la necesidad de enfrentarse a él en muchas ocasiones.  Tony y Heidy, quien era rubia y de ojos verdes, llegaron hasta el área de las consolas de monitoreo del hangar en donde Saki trabajaba en la programación del software.  —¿Cómo va todo, Saki? —preguntó el joven científico. La informática ahora también usaba la bata blanca de laboratorio pero sobre un vestido gótico de falda corta y pantimedias de encaje.  —Bien, pero aún tengo pr
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CAPÍTULO II LAS LÁGRIMAS DEL GUERRERO (I)
Germania Magna, provincia del Imperio Romano, año 15 D.C., siglo I.  El joven Dr. Tony Edwards jamás, ni en sus más salvajes sueños, imaginó el giro que daría su vida algún día. Era un científico y, como tal, se había abocado siempre a la vida académica, intelectual y consagrada a la ciencia.  Pero ahora se encontraba en una situación realmente insólita: reducido a la esclavitud en un campamento romano antiguo. Había sido capturado unos días antes gracias a la máquina del tiempo que ahora se arrepentía de haber inventado, y tras una tremenda paliza que lo dejó lleno de hematomas fue torturado para extraerle información. Los romanos se cansaron de que no pudiera contestar a ninguna de sus preguntas coherentemente ni en un latín bien pronunciado. De todas formas no le hubieran creído de haberles dicho la verdad (que era un visitante del futuro) así que solo lo azotaron y lo enviaron con los demás esclavos.  Y allí estaba, dos días después; vestid
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CAPÍTULO II LAS LÁGRIMAS DEL GUERRERO (II)
Casi una semana después que los queruscos derrotaron a los romanos en el bosque Teutoburgo llegó a la aldea de Arminio el padre de Thusnelda, Segestes, junto a varios de sus hijos todos montados sobre caballos y con cara de pocos amigos.  —¡Saludos, Arminio! —le dijo Segestes deteniendo su corcel. El cacique germano estaba sentado cómodamente al lado de su tienda y rodeado de sus guerreros. —Te felicito por tu reciente victoria sobre Roma.  —Tus felicitaciones se agradecen, Segestes. Tú y tu clan sean bienvenidos a nuestra aldea.  Thusnelda salió de la tienda de Arminio y se paró a su lado.  —¡Con que allí está mi hija escapada! —reclamó Segestes— ¿Por qué me maldijeron los dioses con una hija rebelde? Te esperan algunos azotes al regresar a casa.  —Eso no será posible, Segestes —le dijo Arminio— porque Thusnelda y yo nos casamos hace algunos días.  Los hermanos de Thusnelda se miraron unos a otros, molest
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CAPÍTULO III EL HONOR DEL SAMURAI (I)
Norte de China, año 1226 DC. Los crononautas corrían en medio de una cruenta matanza mientras feroces guerreros mongoles cabalgaban caóticamente por una infortunada aldea arrasada. Niños pequeños lloraban, hombres y mujeres eran masacrados por flechas y espadas, las humildes viviendas eran incendiadas y el hedor a sangre impregnaba la atmósfera. Sin muchas opciones y a pesar de la salvaguarda de Astrid con su espada desenfundada, los crononautas no tuvieron más remedio que parapetarse tras una carreta. —¡Miren! —gritó el Dr. Krass señalando hacia lo lejos, hacia el horizonte estepario donde las planicies ondulaban. Súbitamente cientos de jinetes comenzaron a asomarse y tras el grito de batalla de uno de sus comandantes se lanzaron al ataque. Eran soldados chinos, todo un ejército de unos cinco mil hombres. Pero aquella llegada fue rápidamente contrarrestada. Uno de los mongoles que participaba del pillaje a la aldea hizo sonar un cuerno y el estruend
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CAPÍTULO III EL HONOR DEL SAMURAI (II)
Llegaron hasta el enorme castillo de arquitectura sino-japonesa donde vivía la poderosa familia Takamura en el Japón medieval. Era más bien una fortaleza amurallada repleta de altas torres y atalayas y bellos árboles de flores rosadas que producían una nevada de pétalos rosa. —¡Vaya! —expresó Tony admirado por la grandiosidad del Castillo Takamura mientras montaba a caballo al lado de sus amigos— tu familia tiene un castillo enorme… —Takamura significa Ciudad Alta en japonés —explicó Saki— y como casi todos los apellidos tienen un significado alusivo. Una vez que los portones de la ciudadela se abrieron para que entrara la comitiva, los visitantes del futuro pudieron apreciar al nutrido grupo de sirvientes atareados en las distintas labores que implicaba administrar el Castillo, así como los centinelas resguardándolo. La capilla se situaba en la parte meridional de la fortaleza. Era un edificio de estructura mediana con forma de pagoda budista, dentro
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CAPÍTULO III EL HONOR DEL SAMURAI (IV)
Efectivamente, la batalla no tardó mucho en acontecer de nuevo. Ambos clanes se encaraban mutuamente sobre sus caballos en una planicie cercana al bosque al amanecer del día siguiente. —Aquí tienes la cabeza del último enemigo que vencí —dijo Lord Minamoto lanzando al suelo una cabeza cercenada con mucho tiempo de descomposición— era el señor del Clan Sakana. Se dio muerte a si mismo tras ser derrotado, murió con honor. Le sugiero que haga lo mismo. Takamura lo contemplaba con odio. Astrid había reemplazado a Hiroshi y Nagasaka se había quedado custodiando el castillo. —Estoy seguro que los Fujiwara —dijo Takamura— el clan más poderoso de Japón, enviarán pronto un contingente para asistirnos. Somos sus aliados… —Veo que tiene muchos aliados, Takamura —burló Minamoto— incluyendo a esa mujerzuela salvaje que está a su lado… Astrid rechinó los dientes… Takamura desenvainó su katana y apuntó a Minamoto, luego dio la orden del ataque y pron
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CAPÍTULO IV EL SENDERO DE LA SERPIENTE (I)
Isla de Cozumel, 1519Cumane era un humilde pescador maya que pasaba sus días navegando cerca de las costas con su maltrecha lancha, dedicando toda su vida a la pesca desde que su padre le enseñó el oficio siendo muy niño, sus manos estaban curtidas y saladas por el agua del mar. Esa tarde, Cumane se encontraba sumido en sus simples pensamientos contemplando las azules aguas y esperando tener suerte en su pesca. Se mantenía alejado de los grandes problemas políticos y sociales, sin importarle mucho con quien estaba en guerra el reino, o cual era el señor feudal que gobernaba la ciudad. Con el paso del tiempo aprendió que lo más seguro para alguien humilde como él era dejar de lado las aspiraciones de cualquier tipo, aceptar su lugar en la vida, y dejar las decisiones importantes a los sacerdotes, los guerreros y los nobles…Pero su limitado mundo estaba por ser profundamente sacudido.
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CAPÍTULO IV EL SENDERO DE LA SERPIENTE (II)
El yerno de Nachán Can y poderoso Nacom del pueblo maya había triunfado en una nueva expedición militar contra los enemigos vecinos de raza nahua. El campo de batalla se extendía sangriento hacia el horizonte con decenas de cadáveres de ambos bandos tirados por el suelo que estaba encharcado de sangre. Su victoria había sido contundente y el Nacom se levantó, sudoroso y repleto de sangre, alzó los brazos al cielo y clamó con un furioso rugido su agradecimiento a los dioses.Aquel hombre era musculoso y tenía las laceraciones, mutilaciones y tatuajes propios de todo guerrero maya que demostraban su valor y resistencia al dolor, incluyendo el labio inferior atravesado por una filosa astilla y los lóbulos de las orejas extendidos. Era un ex esclavo y su espalda aún mostraba las cicatrices donde los azotes de su primer amo habían cortado la piel. Fuera de eso, su cuerpo estaba curtido, tatu
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CAPÍTULO IV EL SENDERO DE LA SERPIENTE (III)
Diezmadas fuerzas españolas regresaban a sus cuarteles generales de Potochán. Nadie se esperaba que los aguerridos, bien entrenados y tecnológicamente más avanzados españoles pudieran haber sufrido tan contundente derrota.Pero lo cierto es que así fue. Su tentativa de invasión de Chactemal resultó fallida conforme huestes feroces de nativos contraatacaron violentamente. No se asustaron con los disparos de cañón ni de mosquete, ni les temieron a los caballos como hacían sus hermanos de otras latitudes. Así que repelieron con éxito a los españoles, al menos esa vez.Alaminos entró al aposento de Hernán Cortés, quien no había ido a la contienda al ser considerada una campaña de rutina. Allí lo encontró yaciendo con Malitzin.—Disculpe, mi señor —dijo algo atolondrado y tratando de mirar a otro lado pa
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