Martín reconoció enseguida el lugar de su accidente de diez años atrás. El muchacho herido, con el rostro cubierto de sangre, era él. Y la chica que, tras una breve vacilación, corría decidida a rescatarlo, ¡era Renata!El color desapareció de su rostro. Su expresión normalmente impasible dio paso a una conmoción profunda, seguida de una oleada de rabia y arrepentimiento.Se había equivocado en todo: había tomado a Catalina por su salvadora y la había ayudado a hacerle daño a Renata, la mujer que realmente le había salvado la vida.Había compartido con ella la intimidad más profunda y luego había dicho, con desprecio, que en la cama era insípida y aburrida, que parecía muerta. Para vengar a Catalina, había fotografiado su humillación en aquella zanja y le había golpeado la cabeza con la cámara sin ninguna piedad. Después, para destruir su imagen de chica ejemplar, la había desnudado y abandonado en una calle concurrida.Cada acto de crueldad que había cometido contra Renata se convertí
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