—No deberías hacer siempre todo lo que los demás te dicen.Diana levantó la cabeza y, un poco sorprendida, se encontró con la mirada de Reginald. Era la primera vez que él decía algo que parecía mostrar que estaba de su lado.Pero antes de que pudiera entender bien lo que quiso decir, Reginald se acercó un poco más, sin cambiar su expresión fría.—No permitas que te traten como a una sirvienta. Eres parte de la familia Reinard.Diana bajó rápidamente la mirada y entrelazó los dedos con nerviosismo.—S-sí, Reginald —murmuró con voz apenas audible.Reginald dio otro paso hacia ella, lo suficiente para que el corazón de Diana diera un salto. Contuvo la respiración.La mirada de su cuñado era tan fría y penetrante que parecía capaz de descubrir cada secreto que intentaba ocultar.—¿Estás bien? —preguntó Reginald.La pregunta fue breve. Su tono no tenía nada de amable, pero, de alguna manera, eso hizo que sus palabras la afectaran aún más.Diana asintió rápidamente, pero sus ojos,
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