—¡Ah! —Diana hizo una mueca de dolor cuando Felicia tiró de ella con brusquedad y casi la hizo caer dentro de la piscina. Por suerte, logró recuperar el equilibrio a tiempo.Los labios de Felicia se tensaron en una pequeña sonrisa.—Te has vuelto bastante lista, ¿no? Ya descubriste cómo ganarte el favor de Reginald, ¿eh? Empezaste conmigo y luego con Irene. ¿Quién sigue? ¿Mamá?Diana frunció el ceño. Se frotó el brazo izquierdo con la mano derecha, la zona estaba ligeramente enrojecida por la fuerza con la que Felicia la había sujetado.—Por favor, deja de acusarme de cosas así —dijo Diana, incapaz de ocultar su indignación—. Nunca he intentado ganarme el favor de nadie, ni he ido a acusarlas con otros ni he hecho nada parecido. ¿Qué te hace pensar que sería capaz de hacer algo así a propósito?—No hace falta que seas capaz de nada, Diana. ¡Solo hace falta que no tengas vergüenza! —replicó Felicia, con palabras tan cortantes como cuchillas.—Desde que era niña hasta ahora, a mis
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