LYRA
El patio de armas de la sede de Nightbane era un polvorín bajo el sol brillante de la mañana. Cientos de guerreros de ambas manadas abarrotaban las gradas y el perímetro de piedra. Tras la vergonzosa escena del desayuno, la tensión había cambiado: ya no era desconfianza entre enemigos, sino la expectación pura de un ejército que necesitaba ver a sus líderes operar en perfecta sintonía.
En el centro del patio estábamos los Alfas y los Betas.
—Dado el estado de Elena, queda oficialmente fuer