DARIAN
El agua de la ducha finalmente comenzó a enfriarse, cortando la neblina de vapor que nos rodeaba. Salimos del baño en un silencio cargado de electricidad, sin decir una sola palabra, pero con las miradas aún encendidas.
Cargué a Lyra en brazos hasta la gran cama, depositándola sobre las sábanas de lino. Se acomodó sobre mí, apoyando los puños a los lados de mi cabeza, mirándome fija y profundamente a los ojos.
—Una tregua, Nightbane —murmuró con la voz rasposa por los gritos de la ducha—