A R I A N AMi cuerpo seguía paralizado. Las lágrimas me quemaban las mejillas mientras repetía una y otra vez sus palabras en mi cabeza, y cada vez dolían más que la anterior.Angelo estaba allí, frente a mí, con el rostro deformado por la irritación. No había culpa. No había vergüenza. Solo irritación, como si yo fuera la que hubiera hecho algo malo.—¡Ariana! —espetó.Me limpié el rostro con las manos temblorosas.—¡¿No te da vergüenza?! —Mi voz salió ronca, destrozada—. Te estabas follando a mi mejor amiga, Angelo.Cruzó los brazos, tensando la mandíbula.—No es tan sencillo.Solté una risa vacía.—¿Ah, no? Entonces explícamelo. Hazme entender cómo pudiste hacerme esto. Y precisamente hoy, de todos los días.Ni siquiera se inmutó.—No planeaba que te enteraras de esta manera.—¿Que me enterara de esta manera? —La voz se me quebró—. No pensabas decírmelo en absoluto, ¿verdad?No respondió.Y eso dolió más que cualquier otra cosa.Me obligué a ponerme de pie, aunque las piernas apen
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