—Ábrela.Julian lo dijo en voz baja, como si las palabras le costaran algo. No se había acercado a la carpeta él mismo, no la había tocado desde que la vio ahí, sin etiqueta, exactamente donde juraba que nunca había dejado nada.Naomi extendió la mano hacia ella antes de poder disuadirse a sí misma.Adentro había una sola fotografía, vieja, los bordes suavizados por el manoseo. Dos hombres de pie afuera de un juzgado, uno de ellos claramente un Thomas Calloway más joven, el otro un rostro que ella no reconoció hasta que leyó la leyenda escrita a lápiz en el reverso, con una letra que no conocía.W. Ashford. Mismo día que el testimonio. Pregunta por qué sonríen.Su padre. De pie junto a Thomas Calloway, ambos sonriendo, el día en que el testimonio de su padre mandó a un hombre inocente a prisión.—Se conocían —dijo Naomi. Su voz salió más pequeña de lo que quería—. Antes del juicio. Antes de todo esto.Julian tomó la fotografía de la mano de ella, con cuidado, como si pensara que podrí
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