Perspectiva de CelesteApenas crucé la puerta, me llegó el olor. Sexo y sudor. Ese aire cargado que queda cuando dos personas acaban de estar juntas. Lo conocía bien. Durante mucho tiempo, había vuelto a casa oliendo así, cuando todavía era tan ingenua como para confiar en Julian.Miré a Seraphine, sentada en mi sofá, y luego a Julian, parado junto a la entrada de la cocina con aquella expresión de falsa preocupación. No necesitaba que nadie me explicara lo que habían estado haciendo mientras yo no estaba.La idea debería haberme dolido, pero no fue así. Se quedó ahí, dentro de mí, fría e inmóvil, como una piedra que llevaba tanto tiempo tragada que por fin había dejado de ahogarme.Cuando Julian empezó a hablar de fidelidad, tuve que contener las ganas de darle una bofetada. Bastó con entrar, ver a Sera con el labial corrido y percibir el olor a sexo que impregnaba la sala para saber que acababan de hacerlo. Probablemente en mi sofá. Quizá contra la pared. O tal vez en mi cama.Ya me
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