Capítulo 9 — El Santuario de HieloEmma AndersonSalí del baño con la toalla en las manos, secándome el cabello aún húmedo, y el corazón me dio un vuelco.En medio de la penumbra de la habitación, una pequeña figura inmóvil me observaba.Luca.Estaba allí de pie, como una estatua de porcelana, con los ojos fijos en la puerta por la que acababa de salir.Sonreí, sintiendo que el aire volvía a llenar mis pulmones.Gracias a Dios no era el padre.Era el hijo.—¿Qué haces aquí, pequeño? —pregunté con suavidad.No respondió, pero tampoco retrocedió.Dejé la toalla sobre la cama, me senté en el colchón mullido y di unas suaves palmadas al lugar que había a mi lado.Luca entendió el gesto al instante.Corrió hacia mí y se acurrucó a mi lado, sujetando mis manos con sus pequeñas palmas frías.Lo tomé en brazos y lo abracé, aspirando aquel suave aroma a talco infantil que parecía ser la única cosa pura en toda aquella casa.—¿Estás bien? —pregunté.No obtuve respuesta.Solo me miró.—¿Quieres
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