Capítulo 9 — El Santuario de Hielo
Emma Anderson
Salí del baño con la toalla en las manos, secándome el cabello aún húmedo, y el corazón me dio un vuelco.
En medio de la penumbra de la habitación, una pequeña figura inmóvil me observaba.
Luca.
Estaba allí de pie, como una estatua de porcelana, con los ojos fijos en la puerta por la que acababa de salir.
Sonreí, sintiendo que el aire volvía a llenar mis pulmones.
Gracias a Dios no era el padre.
Era el hijo.
—¿Qué haces aquí, pequeño? —pregunté c