«Oye, cariño. ¿No tenías un partido con tus compañeros?», preguntó Reyona mientras miraba la pequeña esfera del reloj de la puerta de la nevera antes de levantar el cuenco de boniatos cortados en cuartos que tenía en la mano. «Has vuelto pronto», dijo con una sonrisa, e inclinó la cara hacia arriba para que le diera un beso.«Sí, sí. Ya sabes, no nos apetecía mucho jugar, así que nos quedamos un rato charlando y dimos por terminado el día», respondió Thomas distraídamente mientras le daba un rápido besito en la mejilla antes de ir a la nevera a sacar una botella de agua fría, que se bebió de un trago.«Ah, ya veo. Bueno, eso significa que te tendré más para mí sola. Hac&iacut
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