—¿Trabajando hasta el amanecer? Vaya. Ser director ejecutivo sí que es agotador, ¿verdad, señor? —dijo Ryan, fingiendo inocencia y desconcierto. En realidad, sabía dónde había estado Richard.—Por supuesto. Sabes que soy un director ejecutivo muy ocupado. A veces llego a casa tarde en la noche y otras, hasta la mañana. Es parte del trabajo —respondió Richard, tranquilo porque suponía que Ryan jamás sabría la verdad.—Vaya, tiene razón. Aunque, ahora que lo pienso, quizá sea mejor ser sirviente, señor. Ser director ejecutivo suena complicado. Tiene que estar disponible a toda hora. Deben dolerle las piernas. Un sirviente solo trabaja de día. Por la noche ya está en cama. Nada de horas extra. Pasa el día cuidando una casa enorme como esta y, al llegar la noche, ronca a gusto, duerme como un bebé y babea toda la almohada.Ryan se había levantado temprano esa mañana, aunque casi no había dormido.—Sí... quizá tengas razón. En fin, voy a mi habitación. Y no le digas a Vanessa que llegué al
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