Vanessa notó que varias empleadas cuchicheaban entre sí y la miraban con suspicacia y desprecio, como si hubiera hecho algo imperdonable. Sabía que hablaban de ella.
Al girarse Vanessa hacia ellas, las empleadas fingieron una sonrisa y la saludaron con respeto.
—¡Buenos días, señora Johnson!
—Buenos días —respondió Vanessa—. ¿No tienen nada mejor que hacer que quedarse aquí paradas?
—Disculpe, señora. ¡Sí, ya regresamos a nuestras oficinas!
Se dispersaron rápidamente y regresaron a sus respectiv