Ryan se volteó para mirarlo. Ben sonreía nervioso.—Je, je, solo bromeaba, jefe. Perdón —dijo Ben.—Deja de hacer tantas preguntas y maneja —respondió Ryan, sin apartar la mirada del camino.Mientras tanto, los hijos de Ryan y la señora Marle se habían quedado dormidos en el asiento trasero.En otro lugar, exactamente a las siete y media de esa noche, Vanessa despertó, extendió la mano por la cama y buscó a su lado para asegurarse de que Ryan siguiera allí.Pero solo encontró el colchón vacío. Ryan se había ido.—Ryan, ¿dónde estás? —Vanessa se incorporó. Solo la cubría una cobija.Se vistió rápidamente y salió a buscarlo.—Ryan... ¿de verdad te fuiste?Vanessa contempló la habitación de Ryan, ahora vacía. Al revisar también el armario, donde no quedaba ni una sola prenda suya, se quedó sin fuerzas al comprobar que Ryan la había dejado, aunque el olor de su piel y el recuerdo de su tacto todavía parecían envolverla.—Tu padre nos dejó, cariño —susurró Vanessa mientras se acariciaba sua
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