**POV ALEXANDER**El olor a pólvora y cobre todavía flotaba en la planta baja, pero dentro de mi habitación el único sonido era la respiración agitada de Alice contra mi pecho. La tenía envuelta en mis brazos, sintiendo cómo sus pequeños hombros se sacudían por los sollozos.Le acaricié la espalda con fuerza, pegándola más a mi torso desnudo. Años de combate me habían enseñado a apagar la adrenalina en segundos, pero la rabia fría que sentía en las entrañas no se iba a ir tan fácil. Daniel había cruzado la línea. Había enviado mercenarios a mi territorio, a mi casa, intentando tocar lo que me pertenecía.—Alex... —murmuró Alice contra mi cuello, con la voz quebrada—. ¿Estás bien? ¿Te hirieron?—Estoy entero, pequeña —respondí con voz grave, apartándola un poco para mirarla a la cara.Le limpié las lágrimas de las mejillas con los pulgares. Estaba pálida, asustada, pero intacta. Y eso era lo único que me importaba.—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó, mirando hacia la puerta abierta de
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