El vehículo de alquiler se detuvo lentamente frente a los imponentes portones negros de la Mansión King. Elena permaneció inmóvil durante unos segundos antes de bajar, contemplando aquella residencia donde había pasado tantos años intentando convertirse en la esposa perfecta, la nuera perfecta y la madre perfecta, sin comprender que, para algunas personas, jamás habría sido suficiente. Respiró profundamente mientras el aire tibio de la tarde acariciaba su rostro. Ya no llevaba sobre los hombros el peso de aquella mujer que caminaba siempre con miedo a decepcionar a los demás. Después de cuarenta y cinco días lejos del país, de entrenamientos constantes, de nuevos paisajes, de conversaciones que le devolvieron la confianza y de aprender a sonreír sin esperar la aprobación de nadie, Elena Hart regresaba siendo una versión completamente distinta de sí misma. No era únicamente el peso que había perdido. Era la serenidad con la que sostenía la cabeza, la seguridad con la que caminaba y la
Leer más