La noche envolvía la ciudad con un manto oscuro cuando un convoy de tres vehículos negros avanzó lentamente por una carretera privada rodeada de enormes cipreses perfectamente alineados. Las luces de los automóviles apenas rompían la tranquilidad del lugar mientras, al fondo, comenzaba a dibujarse una residencia cuya arquitectura imponía respeto desde el primer vistazo. No era una mansión ostentosa llena de adornos innecesarios; por el contrario, su elegancia residía en la perfección de cada de