Miranda tembló.—¿Enemigos? —repitió con un hilo de voz.La palabra quedó suspendida en el aire, pesada, inquietante. Miranda miró a Joaquín, buscando en sus ojos alguna respuesta que pudiera tranquilizarla, pero incluso él parecía preocupado.De inmediato, recordó las palabras de Agatha Kirland.«No, la señora Kirland solo está molesta. Ella… no es capaz de ser así. La conozco bien».Durante unos segundos, Miranda intentó aferrarse a esa idea.Quería creer que Agatha no sería capaz de llegar tan lejos.Después de todo, había sido una mujer dura, orgullosa y cruel con ella, pero seguía siendo la madre de Joaquín y la abuela de sus hijas.Sin embargo, aquella sensación en el pecho no desaparecía.Miranda respiró profundamente y negó lentamente con la cabeza.—No lo sé… —admitió finalmenteJoaquín apretó la mandíbula.No necesitaba que Miranda le dijera más.Los agentes permanecían frente a ellos, esperando una explicación más detallada. Joaquín se acercó y comenzó a hablar con ellos, r
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