SantiagoAna Lúcia fue fría y cruel, sin dejarme hablar más con ella, y sentir ese desprecio dolió mucho. Ella sale de la habitación mientras yo aprovecho para revisar unos correos. Pero en cuanto salgo de nuestro cuarto veo una escena que me intriga un poco. Ana está sentada en el sofá, con los ojos cerrados, degustando un plátano mojado en el batido de plátano, y se lo come como si fuera lo más rico del mundo.Paso a su lado y ni me nota. Me apoyo en el mostrador de la cocina y me quedo observándola comer. Cuando abre los ojos y me ve, pensé que quizá se sentiría cohibida, pero todo lo contrario. Se levanta, coge otro plátano, se sienta en el sofá ignorando mi presencia y sigue comiendo.Más tarde, en cuanto entra al baño, cojo mis mantas; aunque ella no me haya pedido nada, preparo mis cosas para dormir en el sofá. Claro que me hago la víctima, y funciona, porque me llama a dormir en la cama con ella. Y yo obedezco de inmediato, juntando nuestros cuerpos y pasando la mano por encim
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