AnaluOtra vez me quedo parada como una estatua mirándolo, pero esta vez no porque no tenga qué decir, sino porque estoy impactada.— Está bien, no hace falta que digas nada ahora; bueno, di algo, pero no tiene que ser la respuesta. — dice afligido.Sigo mirándolo sin conseguir hablar y entonces una risa extraña se apodera de todo mi cuerpo.— Joder, Santiago, ¿quieres matarme o qué? Primero me mandas a irme y ahora me pides matrimonio. — en cuanto termino de hablar me tapo la boca con las manos.Siempre he sido atrevida, de las que tienen respuesta lista, pero ¿tacos? ¡Para nada! Es algo que se sale de mi día a día.— Esta vez no voy a pelear contigo, deslenguada. — dice riendo.Le doy la espalda y camino hacia la puerta. Al llegar, con cara de traviesa, me giro hacia él, salgo corriendo en su dirección y grito:— ¡SIIIIIIIIIIIIIM…! — y, cogiéndolo por sorpresa, me lanzo a sus brazos.¿Conclusión? Caemos al suelo con fuerza. Cuando salté, en vez de caer él hacia atrás, hizo tanta fue
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