Analu— Santiago, descubrí el embarazo exactamente el día en que te vi en el restaurante con aquella mujer. Fue una sorpresa para mí también, ya que había hecho dos pruebas de farmacia y habían salido negativas. Y no te lo conté por miedo a dejarte disgustado, lo cual habría sido peor. Pero los síntomas seguían cada vez más fuertes: antojos, náuseas, somnolencia y mi pecho poniéndose oscuro. Entonces aquel día, incluso antes de ver toda aquella situación en el restaurante, ya había decidido que haría el análisis de sangre. En cuanto salí del restaurante lo hice, y cuando recibí el resultado solo venían dos cosas a mi mente: tú diciéndome que ahora no sería el momento de tener un hijo y aquella mujer contigo. Pasaron mil cosas por mi cabeza. ¿Cómo iba a contarte ese mismo día lo del intrusito si estábamos inciertos? —digo con el corazón en la mano.Él me mira, piensa, repiensa, hasta que abre la boca para decir:— Ana Lucía, nunca tuve la pretensión de ser padre, porque lo que me pasó
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