Santiago
Ana Lúcia fue fría y cruel, sin dejarme hablar más con ella, y sentir ese desprecio dolió mucho. Ella sale de la habitación mientras yo aprovecho para revisar unos correos. Pero en cuanto salgo de nuestro cuarto veo una escena que me intriga un poco. Ana está sentada en el sofá, con los ojos cerrados, degustando un plátano mojado en el batido de plátano, y se lo come como si fuera lo más rico del mundo.
Paso a su lado y ni me nota. Me apoyo en el mostrador de la cocina y me quedo obser