Analu
Mientras él se arregla en su habitación, yo me arreglo en la de al lado, donde están mis ropas. Me maquillo un poco más fuerte como me enseñó Renata y en los labios un labial bien rojo. Me hago rizos en las puntas del pelo, me miro en el espejo y por fin estoy lista.
Entro en su habitación y él está poniéndose su perfume maravilloso. Va de formal, pero no de traje: con un pantalón vaquero oscuro y una camisa social gris.
«Señor Jesús, es imposible estar más guapo.»
— ¡Fiu, fiu, qué gato!