La puerta del despacho de Toni se abrió lentamente, y Lily entró con pasos apresurados. En cuanto vio a Adam y a Billy sentados en el sofá, con los rostros aún hinchados, Lily corrió a pasitos hacia ellos.—Adam, Billy, Dios mío. La tía os ha estado buscando todo este tiempo. ¿Por qué os escapasteis del colegio? La tía y mamá se habrían preocupado muchísimo si se enteran de que estabais perdidos. —susurró Lily, para que su voz no la oyera Toni, al otro extremo de la sala.Adam agachó la cabeza.—Perdón, tía.—Perdón, tía —la siguió Billy, con voz baja.Lily respiró hondo y luego se puso en cuclillas frente a los dos niños. Secó con los dedos los restos de lágrimas de la mejilla de Billy, y luego le arregló el cabello a Adam, que estaba un poco alborotado.—Ya, ya. Lo importante es que no os ha pasado nada. Vamos a casa. La tía os llevará de vuelta al colegio.Adam asintió lentamente, pero sin hablar mucho. Billy también se quedó callado. Ambos parecían aún conmocionados por lo ocurrid
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