Chester entendió de inmediato su misión. Se acercó a la señorita con un rostro que puso lo más afligido posible.
—Señorita, señorita, mire esto. Tengo una mancha de rotulador en la mano. ¿Cómo se quita, señorita? ¿Se podrá quitar? Me preocupa que la mano se me quede de color morado para siempre.
La señorita sonrió y se puso en cuclillas para examinar la mano de Chester.
—Vaya, déjame ver. No pasa nada, luego te la lavas con jabón y seguro que se quita.
Mientras la señorita estaba ocupada con Ch