AURORA—¿Cómo mueren, Sebasten? —le pregunto, sosteniéndole la mirada con una seriedad fría, ignorando el calor que me sube por las piernas—. Si son tan fuertes y controlan corporaciones, si la biología de ustedes es superior... ¿cómo se les mata? ¿Es real lo de la plata o es otra de sus fábulas?Sebasten suelta un suspiro denso, una vibración áspera que me golpea el cuello. Su mano grande, estancada en mi vientre, se aprieta un poco más contra mi piel, recordándome la fragilidad de lo que protejo.—La plata no es un mito, pero tampoco es magia —me responde con una crudeza contundente, sin rodeos—. Es una reacción química. Para nuestra sangre, ese metal es un veneno celular puro. En cuanto entra en el torrente sanguíneo a través de una bala o una hoja, detiene la regeneración, quema el tejido y colapsa los órganos en minutos. Un lobo común muere rápido con un disparo al corazón; un Alfa resiste más, pero termina cayendo igual si la dosis es alta.Se inclina un poco más hacia adelante,
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