—Desde cuando éramos novios —respondo, con la voz baja.—No puedo creerlo —niega con la cabeza, incrédulo. —Solo explícame por qué todo este tiempo no me contaste nada. Peor aún, he tenido que enterarme por otros. ¿Pero qué mierda, por qué no me lo contaste?—Porque al principio pensé que iba a parar —explico, con la voz dudosa.—Sí, ¡pero no paró! Y peor, intentó forzarte. Alice, métete una cosa en la cabeza: soy tu marido. Tengo derecho a saber todo lo que te pasa —dice él, con la voz cargada de posesividad.—Intenté decírtelo varias veces —respondo, con la voz entrecortada. —Pero me mandabas callar. Llegabas irritado, estresado, y siempre terminaba pagando yo. ¿Recuerdas?—¡Joder, joder, joder! —grita él, golpeando con el puño la cama. —Voy a destruir a Fábio.—No, deja eso —pido, con la voz temblorosa.—¿Cómo tienes el valor de pedirme eso? Escúchame bien: voy a acabar con la raza de ese miserable, y tú vas a verlo todo desde primera fila —promete él, con la voz gélida.—No, eso n
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