DAMIANMatteo se aclaró la garganta de repente y Seraphina apartó sus suaves labios de los míos; por un segundo, me sentí vacío.—Lo siento... —susurró ella de pronto, avergonzada, pero la interrumpí.—No lo hagas —dije, y ella parpadeó—. No te disculpes —aclaré. Sus ojos se abrieron de par en par por un segundo antes de asentir despacio. Contemplé esos labios un segundo más antes de girarme hacia el bastardo que acababa de arruinar el momento; si hubiera podido, le habría arrancado la garganta.—Siento interrumpir el reencontró —se burló él, y lo miré fijamente—. ¿Qué hacemos con él? —preguntó finalmente, y entonces miré a Marcus. La última vez lo había dejado ir solo porque mi prometida me lo pidió, pero esta vez no había salida para él.—Llévenselo adentro —dije, sin apartar la mirada de él—. Yo me encargo personalmente.Iba a continuar, pero Sera se movió de repente, así que me giré hacia ella.—¿Qué pasa? —pregunté secamente, y ella tragó saliva.—Nada —susurró, y yo fruncí el ce
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