SERA—No —dije de repente, sorprendiéndome a mí misma y al hombre atractivo que estaba frente a mí en ese momento, pidiéndome que fuera a su habitación después de haberme besado horas atrás.—¿Qué? —preguntó, acercándose un poco más. Cerré los ojos, sin estar segura de qué esperaba.—Abre los ojos, Seraphina —dijo con voz plana. Los abrí y bajé la mirada.—No puedo quedarme contigo —dije finalmente, dando un paso hacia atrás.—Mírame —ordenó, y lo obedecí—. ¿Por qué?—Porque no te caigo bien —respondí, y sus ojos se dilataron ligeramente. Esa podía ser una de las razones, pero la principal era que no confiaba en mí misma estando en la misma habitación con un hombre al que ya había besado dos veces y al que todavía me moría por besar.—¿Quién te dijo eso? —dijo de pronto, y yo solo me encogí de hombros.—¿O acaso sí? —susurré. Durante un segundo, solo nos quedamos mirándonos, y luego él soltó una risa burlona.—Olvida que te pedí que te quedaras en mi habitación, Seraphina —dijo de rep
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