Las tres primeras semanas tras la ruptura transcurrieron con una paz tan tranquila que Olivia casi se sentía culpable. Al principio, esperaba lo contrario: desamor, soledad, el dolor familiar que sigue al final de algo importante. En cambio, reinaba el silencio, la calma, un respiro. Sin expectativas frustradas, sin decepciones.La culpa la invadía de vez en cuando, susurrándole que dos años con alguien deberían doler más. Pero cada vez que ese pensamiento afloraba, Olivia lo apartaba con firmeza. Se merecía esa paz y todo lo que conllevaba.Sus padres no se habían alegrado especialmente de la ruptura, pero tampoco se habían enfadado. Cuando les explicó la situación, su madre simplemente suspiró y le dijo que lo único que importaba era que fuera feliz. Su padre, práctico como siempre, asintió y cambió de tema para hablar de trabajo. Tessa, por otro lado, estaba eufórica, y tal como Isabella había predicho, enseguida sugirió organizarle a Olivia lo que ella, con entusiasmo, llamó una
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