Las tres primeras semanas tras la ruptura transcurrieron con una paz tan tranquila que Olivia casi se sentía culpable. Al principio, esperaba lo contrario: desamor, soledad, el dolor familiar que sigue al final de algo importante. En cambio, reinaba el silencio, la calma, un respiro. Sin expectativas frustradas, sin decepciones.
La culpa la invadía de vez en cuando, susurrándole que dos años con alguien deberían doler más. Pero cada vez que ese pensamiento afloraba, Olivia lo apartaba con firme