El paquete no entró.Pero se quedó.No en el pasillo.No en la puerta.Se quedó en la cabeza de los niños.Y eso, Elena lo entendió demasiado tarde.Sofía fue la primera en ponerlo en palabras.Lo hizo a media mañana, sentada en el suelo del salón con la caja morada abierta entre las piernas y una estrella azul torcida apoyada en la rodilla.Mateo estaba a su lado, construyendo una “casa para cosas que no se pierden” con dos cajas de zapatos y cinta adhesiva.Lucía regaba una planta en la ventana.Rodrigo escribía en el comedor.Parecía una escena tranquila.Casi normal.Y, sin embargo, Sofía alzó la cabeza y preguntó:—Mami, ¿el regalo era bonito?Elena sintió el golpe inmediatamente.No la pregunta en sí.Lo que la sostenía por debajo.*Si era bonito, ¿por qué no lo dejaste entrar?*Dejó el bolígrafo sobre la libreta azul.Se acercó.Se sentó en el piso frente a ellos.No quería hablarles desde arriba.No esta verdad.No esta.—No lo vi por dentro —respondió primero.Sofía arrugó la
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