El sol de un nuevo amanecer encontró a Sky mucho más descansada de lo que habría creído posible, porque por primera vez desde que su vida había cambiado, se había hundido en un sueño tan profundo que ni sueños, ni sombras, ni voces la arrastraron de un lado a otro, al fin su mente estaba despejada, aunque su cuerpo… no tanto.Al incorporarse, la sábana resbaló por su cadera y Sky se obligó a mirar, las marcas de garras en su piel, esas mismas que Taylor le había dejado la noche anterior, apenas eran unas finas líneas rosadas, ya casi borrándose, y recordó, sin querer, cómo era antes, en el reino lobo, como una herida así, hecha por las manos del mismo alfa en entrenamiento, le habría tomado semanas sanar, ahora, fuese por su sangre demoníaca, por el lazo, o por ambas cosas, su piel estaba casi intacta y eso era una buena noticia, y, sin embargo, no fue eso lo que le robó la respiración, sino más bien fue la vista a su derecha.Y es que Taylor seguía allí, recostado a su lado, completa
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