La habitación permanecía en un profundo silencio. Solo se escuchaba el suave tic-tac del reloj de pared y la respiración tranquila de Alexa, que por fin había conseguido quedarse dormida.Devan seguía sentado al borde de la cama, sin apartar la vista del pálido rostro de su esposa. Los delicados dedos de Alexa aún rodeaban con suavidad su muñeca, como si temiera que, en cuanto la soltara, él desapareciera.Devan dejó escapar un leve suspiro. Con la mano libre, apartó con delicadeza un mechón de cabello que descansaba sobre la frente de Alexa. Una calidez desconocida, acompañada de un fuerte instinto protector, se apoderó de su pecho. Se juró que nunca volvería a permitir que nadie le hiciera daño.Mientras permanecía cuidándola, el teléfono que llevaba en el bolsillo del saco vibró suavemente.Moviéndose con el mayor cuidado para no despertarla, Devan fue soltando lentamente la mano de Alexa.Se levantó de la cama y caminó hacia el balcón de la habitación. Cerró la puerta de cristal t
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