Punto de vista de Laila—¿A qué manada pertenecías antes, Vanessa?Las palabras me golpearon como un tren de carga, y mis pulmones olvidaron cómo funcionar. Los ojos de Jason —verdes, afilados, implacables— se clavaron en mí como si acechara a una presa sin escapatoria.Se me secó la boca. Cada posible respuesta era como adentrarse en arenas movedizas con pesas atadas a los tobillos.—No tengo nada que decir al respecto —logré articular, envolviendo mis huesos temblorosos con una voz firme.Alzó las cejas, solo una fracción. En este mundo, evadir no era una postura neutral; significaba que ocultabas un secreto horrible o custodiabas una verdad explosiva. En cualquier caso, nada bueno.—Interesante respuesta —murmuró, ladeando la cabeza—. La mayoría de los lobos se enorgullecen del linaje de su manada.«Piensa, Laila. Piensa».—La mayoría de los lobos no son intermediarios neutrales —repliqué—. Los vínculos de manada complican los negocios.Sonaba limpio, lógico y lo bastante creíble.
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