Punto de vista de Laila
El chofer ignoró cada palabra que le lancé; mantenía la bota pesada sobre el acelerador.
La ciudad fue quedando atrás, engullida por las siluetas dentadas de fábricas y almacenes. Las luces de la calle se volvieron escasas, y su resplandor fue reemplazado por largas sombras que se extendían como garras sobre el asfalto agrietado.
La cabeza me daba vueltas cada vez más rápido; la droga que Brittany había deslizado en mi champaña se abría paso por mi sangre, ardiendo como