ERIKLas olas no tenían ninguna clemencia. Tumultuosas, implacables, chasqueando que el bote era un trozo de papel que su rabia no podía soportar.La lluvia golpeaba como balas. Me ardía la cara, me borraba la visión, ahogaba todo excepto el estallido del trueno sobre mi cabeza. —¡Conri!Mi voz desapareció en la tormenta. El bote pesquero se sacudió violentamente bajo mis pies, otra ola reventando sobre un lado. El agua de mar helada me golpeó el pecho, robándome el aliento.—¡Aguanta! —grité. Un relámpago rajó el cielo y en un latido lo vi. Conri estaba a apenas unos metros de distancia, aferrado a la barandilla destrozada, un brazo extendido hacia mí. El terror estaba escrito por toda su cara.—¡Erik! —gritó, extendiendo sus garras justo antes de que llegara la ola, volcando el bote como si no pesara nada.El mundo se puso boca abajo. Agua. Frío. Oscuridad.No sabía cuál era la dirección correcta. Los pulmones me ardían mientras pateaba, los brazos agitándose hasta que finalmente ro
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