La respuesta de Ava no llegó con palabras. Lo besó. Fue un beso desesperado, hambriento, de entrega total, que sabía a bourbon, a lágrimas y a una decisión inquebrantable. En él volcó cada gota de su miedo, de su desafío, de su elección.Julian respondió con un gemido gutural de triunfo, cerrando sus brazos alrededor de ella como bandas de acero. Cuando se separaron, ambos sin aliento, los ojos de él ardían.—Esa es mi chica.A la mañana siguiente, a las 9:25 a. m., Ava entró en la oficina de Evelyn Lowe. La mujer mayor levantó la vista, esperando una renuncia firmada.—Señora Lowe —dijo Ava, con voz firme, clara y más fuerte de lo que se sentía por dentro—. Rechazo su oferta.El rostro de Evelyn se endureció en una mueca de frío desprecio. —Una elección tonta y sentimental. Estás eligiendo a un hombre por encima de tu propio futuro.—Estoy eligiendo mi propio futuro —corrigió Ava—. Bajo mis propios términos.A las 10:00 a. m., Julian convocó a una reunión general. Todo el personal de
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