Capítulo 112: La fugaLiliana estaba atada a una silla de metal en el frío almacén, con las muñecas ardiendo por la áspera cuerda que se le clavaba en la piel con cada pequeño movimiento. El aire estaba húmedo y denso, impregnado del olor a óxido y aceite viejo, un olor que se impregnaba en la ropa y revolvía el estómago. Continuó hablando, con voz firme a pesar del miedo que la oprimía el pecho como una criatura viviente. —No tienen que hacer esto —repitió, mirando a los dos hombres que la custodiaban—. Marco los traicionará igual que me traicionó a mí. Los está utilizando. Igual que utilizó a todos los demás. Si me dejan ir ahora, puedo asegurarme de que Dante no vaya tras ustedes. Puedo protegerlos.El hombre alto con la cicatriz en la mejilla rió, sacudiendo la cabeza mientras se apoyaba en una estantería metálica oxidada. —Buen intento, princesa. Pero no somos tontos. Somos leales a nuestro jefe. Así funcionan las cosas. Ahórrate el aliento. Estás perdiendo el tiempo. El hombre
Leer más