—Rufus, vamos, muchacho —silbó Jensen llamando al perro. Al cabo de un instante, este regresó corriendo con el palo en la boca. Jadeaba, con los ojos expectantes, esperando que se lo lanzara.—¿Crees que no tengo nada más que hacer, verdad? —preguntó, mientras le acariciaba el cuello al perro. Su mente divagaba. Se suponía que pronto estaría en casa de Katherine.El perro le ladró.—Lo siento. Lo olvidé —dijo—. Tú también tienes tus prioridades, ¿no? —Arrojó el palo y sonrió mientras el perro lo perseguía.Recordó la conversación que había tenido con su amigo Matthew en su casa ese mismo día.—¿Dijo que no era una cita? Interesante —había dicho Bonnie, intercambiando una mirada con su marido, Matthew.Jensen miró fijamente a la esposa de su amigo —y luego a Matthew—. —¿Por qué dices eso? —preguntó. —Porque si tiene que decir que no fue una cita, es que lo consideraba una cita —dijo Bonnie.Cuando él parpadeó, Matthew se inclinó y le dio un ligero golpe en el brazo. —Jensen, sígueme. E
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