Su mundo se redujo a una deliciosa locura. Jensen, sus brazos y su boca sobre la suya. Tan ardiente y exigente. El roce y el roce de su lengua contra la suya la hicieron apretar las piernas para contener el pulso que latía con fuerza entre ellos.
Un calor intenso se extendía desde lo más profundo de su ser… y Katherine no tenía ninguna esperanza de recuperar la cordura ni de fingir que Jensen no la estaba volviendo loca.
Pero nunca sería suficiente allí, en una terraza pública, a la vista de cu