Capítulo 40Luciano sentía una fuerte jaqueca así que Julián decidío llevarlo de urgencias al médico.—¡No me toques! Eres el peor de los traidores, pero no contento con eso, me mentiste todos estos meses.El guardia llamo a una ambulancia, mientras yo aún temblorosa le pasaba un vaso de agua, sus ojos, su mirada, había regresado.Era el Luciano que me enamoro, que me enseñó que era sentirse amada, deseada y a sentir eso para mí misma.Cuando la ambulancia llegó, Mónica quiso ir con el, pero de inmediato la detuvo —No te quiero volver a ver en mi vida, eres una víbora que se aprovecho de mi situación para llegar a este punto —gruño enojado.El paramédico nos dijo que no se podía ir solo, así que accedí a ir con el, Julián quería evitarlo, pero no había tiempo para nada más y me subí a la ambulancia.El camino fue silencioso, solo escuchaba a los parámedicos dar instrucciones mientras miraba de lado a lado, sin saber cómo preguntarle su había recuperado toda la memoria.Llegamos a urg
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