CAPÍTULO 22Ella sonríe: es una sonrisa oscura, llena de victoria anticipada. Acorta el último centímetro de distancia, presionando su cuerpo contra el mío. El ventanal frío y sólido detrás de mí contrasta violentamente con el calor abrasador que emana mi piel. Detrás de nosotras, Nueva York se extiende, pero para mí el universo se ha reducido a la mujer que tengo ante mis ojos, la cual me tiene acorralada... y donde, curiosamente, quiero estar.—Mírate —me dice, pasando su otra mano por mi cintura y apretándome—. Has venido aquí vestida para llamar mi atención, has venido a buscar ese mismo fuego que te asustó hace unos días atrás. Estás rogando, Camila; estás rogando por mi dominio.—No estoy rogando —miento, aunque mis manos suben a sus hombros, aferrándose a la tela de su traje como si fuera lo único que me impide caer.—Tus labios dicen que no, pero tu cuerpo... tu cuerpo está pidiendo a gritos que le ponga las manos encima —Amy baja la cabeza, rozando con sus labios el lóbulo
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